Impulsados por los avances en inteligencia artificial, los influencers virtuales están ganando terreno en el mundo del marketing. Sin conflictos personales, con imagen siempre impecable y una capacidad de adaptación a los valores de marca, representan una nueva era en la relación entre creadores de contenido, audiencias y anunciantes.
Los influencers virtuales son personajes digitales creados a través de inteligencia artificial o animación 3D que actúan como figuras públicas en redes sociales. Tienen apariencia humana, personalidad definida, narrativa propia y generan contenido de manera constante. Aunque no existen en el mundo físico, construyen comunidades reales que los siguen, interactúan y se identifican con ellos.
Marcas globales como L’Oréal, Renault, Meta, Samsung, Magnum y Carolina Herrera ya los integran en sus estrategias de marketing. Algunos casos icónicos son Lil Miquela, Shudu o Imma, quienes cuentan con millones de seguidores y campañas con las principales firmas del mundo.
IA, la clave de su evolución
Según la guía sobre colaboraciones con influencers digitales, publicada por HypeAuditor en septiembre de 2024, si bien los influencers virtuales existen desde hace algunos años, el crecimiento reciente de la inteligencia artificial aceleró su desarrollo. Hoy ya no se trata sólo de imágenes renderizadas: algunos son capaces de generar contenido de forma autónoma, adaptarse al lenguaje de las audiencias y simular emociones en tiempo real.
La IA generativa les permite producir textos, voces, imágenes y hasta videos con un nivel de realismo cada vez mayor. Además, se pueden entrenar para representar valores específicos, hablar distintos idiomas, o reaccionar frente a tendencias del momento. Este avance técnico es lo que está revolucionando el influencer marketing y habilitando nuevas posibilidades para las marcas.
Ventajas estratégicas para las marcas
Uno de los grandes atractivos para los anunciantes es el control que permite este tipo de colaboraciones. Al tratarse de personajes creados desde cero, la marca puede decidir todo: desde su apariencia hasta su tono de voz, sus creencias, su estética y sus hábitos. No hay margen para improvisaciones ni riesgos de escándalos personales.
Además, tienen disponibilidad 24/7 y pueden ser programados para actuar en múltiples territorios y plataformas en simultáneo. A nivel económico, representan una inversión inicial más alta, pero a mediano plazo resultan más rentables que los influencers humanos.
Engagement real con audiencias reales
Pese a su origen artificial, estos influencers logran altos niveles de engagement. Su presencia llama la atención, despierta curiosidad y suele generar conversación. Muchas audiencias jóvenes, especialmente las Generaciones Z y Alfa, no sólo aceptan esta ficción, sino que la celebran como parte del ecosistema digital.
Algunos estudios muestran que, en ciertos segmentos, los influencers virtuales pueden superar en tasas de interacción a los humanos. Parte de su éxito está en el storytelling: tienen una narrativa armada, estética cuidada y personalidad constante, lo que refuerza la conexión con sus seguidores.
Riesgos, dilemas y desafíos
Como toda tecnología emergente, esta tendencia no está exenta de desafíos. El principal es la percepción de autenticidad. Aunque el público sabe que se trata de una ficción, algunos se cuestionan si pueden confiar en la recomendación de “alguien” que no vive experiencias reales.
También surgen debates sobre transparencia (¿está claro que no son humanos?), ética (¿qué responsabilidad tienen sobre lo que promueven?) y la posible pérdida de empleo para creadores humanos. La industria aún está definiendo marcos regulatorios y buenas prácticas para su implementación.
¿Reemplazo o complemento?
Aunque algunos temen que los influencers virtuales desplacen a los creadores reales, la visión predominante en la industria es que se trata de un complemento. En muchos casos, las campañas más efectivas combinan la presencia de ambos tipos de figuras, apelando a lo mejor de cada mundo: la conexión emocional de los humanos y la eficiencia técnica de los virtuales.
La clave estará en cómo las marcas logren integrar esta herramienta de manera creativa, sin perder de vista lo que las audiencias valoran: la autenticidad, la coherencia y la relevancia del contenido.
Los influencers virtuales no son una moda pasajera, sino una evolución natural del ecosistema digital, impulsada por la tecnología y el cambio en los hábitos de consumo de contenidos. Si bien todavía enfrentan desafíos en términos de ética, autenticidad y regulación, su presencia en campañas de alto impacto anticipa un futuro donde lo real y lo virtual convivirán cada vez más. Las marcas que entiendan cómo aprovechar este recurso con creatividad y responsabilidad podrán marcar la diferencia en un entorno cada vez más competitivo.