Christian Gurría, Director General de Alsea, explica cómo la apertura de Casa de las Sirenas en Guadalajara representa una nueva etapa para Starbucks y Alsea en México, al apostar por la recuperación urbana, el desarrollo comunitario y la capacitación de más de mil mujeres a través de iniciativas con impacto social.
La apertura de Casa de las Sirenas en Guadalajara no es, para Christian Gurría, una inauguración aislada dentro del portafolio de Alsea, sino la expresión de una forma de operar que busca integrar a la compañía en las comunidades donde tiene presencia y convertir cada tienda en un nodo de impacto social y económico.
El director general explica que esta visión parte de una premisa central que guía el despliegue de las marcas del grupo en la región, especialmente en proyectos como la nueva tienda insignia de Starbucks en Guadalajara, donde la operación comercial convive con objetivos de desarrollo comunitario.
“No estamos aquí por periodos de tres meses, seis meses o un año; venimos para volvernos parte integral de la comunidad”, afirma Gurría, al describir una lógica en la que cada apertura implica inserción en el tejido local a través de empleo y colaboración con actores del entorno.
Esa integración se materializa desde la etapa de construcción de las tiendas, donde la compañía prioriza la contratación de talento local y la incorporación de artistas y proveedores de la zona, lo que, de acuerdo con el directivo, permite que cada unidad funcione también como un dinamizador económico del entorno inmediato.
“Cuando construimos estas tiendas ocupamos mano de obra local y artistas locales”, explica Gurría, quien añade que ese modelo convierte a las tiendas en una fuente constante de empleo para las comunidades donde se instalan, con equipos de entre 15 y 25 colaboradores por unidad.
En el caso de Casa de las Sirenas, la estrategia adquiere una dimensión adicional al intervenir un inmueble icónico de Guadalajara que permaneció abandonado durante años, lo que para la compañía representó tanto un desafío operativo como una oportunidad de regeneración urbana dentro de su lógica de expansión.

Gurría señala que este tipo de decisiones no siempre siguen trayectorias lineales, ya que el proyecto originalmente estaba previsto en otra ubicación, pero distintos factores llevaron a que el edificio actual se integrara al plan, lo que terminó reforzando el sentido del proyecto dentro de la narrativa de marca.
Un ambicioso programa de formación
Más allá de la dimensión urbana, el componente social del proyecto está centrado en la creación de un programa de formación para más de mil mujeres, desarrollado en alianza con Fundación Marisa, Fundación Alsea y Fundación Starbucks, con el objetivo de generar capacidades para el empleo y el autoempleo dentro de las comunidades.
El espacio fue adaptado dentro de la propia tienda para habilitar áreas de capacitación, lo que permite que la operación comercial y la formación social coexistan en un mismo entorno físico, un modelo que, según Gurría, busca facilitar el acceso y la continuidad de los programas.
El directivo considera que el alcance de esta iniciativa no debe medirse únicamente en número de participantes, sino en su capacidad de generar efectos indirectos dentro de la comunidad, al ampliar las oportunidades de inserción económica y desarrollo profesional.
“Es un proyecto ambicioso, pero es un proyecto multiplicador, porque estas mil mujeres inspirarán tal vez a 20 mil”, afirma Gurría-
La lógica de escalabilidad es clave dentro del modelo de Alsea, que opera casi mil tiendas de Starbucks en México. Esto abre la posibilidad de replicar iniciativas similares en distintas geografías con adaptaciones específicas según las necesidades locales.

Una iniciativa a replicar
Sin embargo, el ejecutivo reconoce que el principal desafío para sostener este tipo de programas no radica en la intención ni en los recursos disponibles, sino en la capacidad de encontrar aliados institucionales que permitan aterrizar los proyectos en necesidades concretas de cada comunidad.
“A veces lo que nos falta es encontrar esas organizaciones o fundaciones que nos permitan bajar estos proyectos a una necesidad puntual de la comunidad”, explica Gurría, al destacar la importancia de las alianzas estratégicas para la ejecución.
En ese contexto, la colaboración con Fundación Marisa se convierte en un elemento clave para acelerar la implementación del proyecto, al aportar legitimidad, estructura operativa y conexión directa con los públicos objetivo de la iniciativa.
El directivo enfatiza que estas acciones no deben interpretarse como herramientas de marketing, sino como parte de una responsabilidad estructural de la compañía hacia las comunidades donde opera, independientemente de su impacto en la percepción de marca.
“No lo hacemos como un medio mercadotécnico. Lo hacemos porque es lo correcto para las comunidades”, sostiene Gurría, al delimitar la diferencia entre comunicación corporativa e impacto social sostenido.
Coherencia y reputación más allá del marketing
Esa coherencia, de acuerdo con el ejecutivo, ha sido fundamental para la construcción de la reputación de la compañía a lo largo de los años, en un proceso donde la consistencia operativa ha tenido más peso que las campañas de comunicación.
El mayor activo de la organización, sin embargo, no está en sus marcas ni en su escala operativa, sino en su estructura humana, que el propio Gurría define como el elemento más difícil de replicar en la industria.
“Muchas empresas pueden tener los recursos y el capital para hacer tiendas bonitas o traer marcas exitosas, pero hay algo que nadie va a poder tener nunca y es la gente que tenemos”, afirma el director general.
Con más de 75 mil colaboradores, la compañía sostiene un modelo de desarrollo interno donde el crecimiento profesional, la movilidad y la formación continua forman parte de la estructura organizacional, lo que contribuye a la retención del talento.
El propio Gurría ejemplifica esta dinámica desde su trayectoria dentro de la empresa, al recordar que inició su carrera hace más de dos décadas en una posición operativa dentro de Domino’s Pizza y hoy encabeza la dirección general de Alsea.
“La gente se queda porque encuentra desarrollo, oportunidades y una empresa donde se siente en casa”, concluye, al sintetizar una visión donde cultura organizacional, reputación y estrategia de negocio operan como un mismo sistema.

