Starbucks vuelve a poner el origen en el centro de su estrategia global con el lanzamiento de Starbucks México: Café de Origen Único, ya disponible en 22 mercados internacionales.
Cultivado en Chiapas, Oaxaca, Veracruz y Puebla, este café de tostado rubio —con notas de miel y nueces tostadas— conecta directamente al consumidor global con una de las tradiciones cafetaleras más relevantes del mundo. Pero más allá del perfil sensorial, el verdadero valor está en la historia que sostiene cada grano: más de cinco décadas de colaboración con caficultores mexicanos, traducidas en programas, inversión agronómica y acompañamiento técnico permanente.
Desde la óptica de marketing, el movimiento es estratégico. Starbucks no solo exporta café mexicano; exporta reputación, trazabilidad y narrativa de origen, tres activos clave en un contexto en el que la sostenibilidad dejó de ser un diferenciador para convertirse en un estándar esperado.
“Cada taza celebra la dedicación de generaciones de productores y el compromiso permanente de Starbucks por honrar su legado, promover la sostenibilidad y ofrecer un café que exprese la esencia de su origen”, señaló Ricardo Arias-Nath, vicepresidente senior global de Café y Té de Starbucks.
México como pilar productivo y simbólico
México no es un origen más dentro del mapa de Starbucks. Es uno de los países productores más relevantes a nivel global y un territorio estratégico para la marca. De acuerdo con cifras de la SADER, la producción nacional proyectada para 2025 ronda 1.077 millones de toneladas métricas, concentradas en estados con una profunda identidad cafetalera.
Ese peso productivo se traduce también en impacto económico y social. A través de iniciativas como “Todos Sembramos Café”, Starbucks México ha beneficiado a más de 20.000 caficultores desde 2014, con la donación de más de 5.6 millones de plantas resistentes a la roya, capacitación técnica y prácticas agrícolas sostenibles. A esto se suma el programa global 100 Million Trees, enfocado en la renovación de cafetales y la resiliencia frente al cambio climático.
Para la operación local, el origen también es marca empleadora y motor de crecimiento. En alianza con Alsea, Starbucks ha consolidado a México como su séptimo mercado más importante a nivel global, con más de 13.000 partners que conectan el trabajo del campo con la experiencia en tienda.
Diseño que comunica identidad
El empaque del café refuerza el mensaje desde lo visual. Dominado por el rosa mexicano y patrones inspirados en bordados, cerámica y paisajes cafetaleros de la Sierra Madre, el diseño funciona como un vehículo cultural que traduce identidad local a un lenguaje global. Es una apuesta clara por el branding con raíz, donde estética y origen operan como un mismo discurso.
Tostado bajo el perfil Starbucks Blonde Roast, el café busca ser accesible sin perder complejidad, ampliando su atractivo tanto para consumidores expertos como para nuevas audiencias que exploran cafés de origen único.
Del origen al impacto: el café como eje de una estrategia global
Desde Guatemala, donde se coordina parte clave de la operación cafetalera de Starbucks para Centroamérica y México, Mario López, regional manager del Farmer Support Center, explica que el lanzamiento de Starbucks® México: Café de Origen Único es mucho más que una novedad en el portafolio: es una forma de reconocer a las comunidades que sostienen la cadena de valor del café desde su origen.
Para López, cada taza representa años de trabajo, conocimiento heredado y compromiso cotidiano por parte de los caficultores. “Este lanzamiento es una manera de agradecer a los productores por su esfuerzo diario y por la historia que hay detrás de cada grano”, señala, al subrayar que la cultura cafetalera se celebra no solo en México, sino a escala global.
La sostenibilidad, aclara, se construye desde los llamados primeros metros del café, donde Starbucks concentra inversión, asistencia técnica y desarrollo agronómico. A través de una red de 10 Farmer Support Centers en el mundo, la compañía trabaja directamente con productores para mejorar productividad, calidad y resiliencia frente al cambio climático, mediante análisis de suelos, monitoreo climático y prácticas agrícolas más eficientes.
Uno de los ejes centrales ha sido el desarrollo de nuevas variedades de café, como Victoria y San Isidro, diseñadas para ofrecer alta calidad en taza, mayor rendimiento y resistencia a plagas y enfermedades como la roya. A esto se suman iniciativas enfocadas en el uso responsable del agua, con tecnologías que permiten reducir hasta en un 95% el consumo durante el proceso de beneficiado, así como la incorporación de árboles nativos y frutales para fortalecer la sostenibilidad económica de las fincas.
Más allá de la técnica, López enfatiza la importancia del factor humano: acompañar a los productores en la adopción de nuevas prácticas, fortalecer comunidades y generar sentido de pertenencia dentro de una cadena global. En ese equilibrio entre origen, innovación y responsabilidad, sostiene, se juega el futuro del café y la credibilidad de las marcas que lo llevan al mundo.
