Para Saraí Jiménez, directora de Construcción de Marca y Reputación de Starbucks México, el café no es solo un producto, sino una plataforma cultural, social y humana. En esta conversación, explica por qué la marca puso al café mexicano en el centro de su narrativa estratégica y cómo el origen, la sustentabilidad y las personas se han convertido en los pilares que sostienen la reputación de Starbucks en un mercado cada vez más exigente.
Honrar al mercado mexicano no es, para Starbucks, una decisión coyuntural ni una edición limitada. Es una definición estratégica de largo aliento. Así lo explica Saraí Jiménez, directora de Construcción de Marca y Reputación para Starbucks México, al detallar por qué el café mexicano se ha convertido en protagonista dentro de la narrativa de la marca.
“México es un mercado que nos ha permitido crecer”, afirma. Operada por Alsea desde 2002, Starbucks ha superado ya las 900 tiendas en el país. Ese crecimiento, reconoce Jiménez, no podría entenderse sin la aceptación del consumidor local y sin la riqueza cultural que rodea al café mexicano. De ahí la decisión de “enaltecer los cafés mexicanos y utilizar la plataforma global que tenemos como empresa para que el café mexicano se pueda elevar y llegar a otras culturas”.
La apuesta también responde a un contexto más amplio. “Entre los temas públicos de mayor relevancia hoy está el café y el reconocimiento del valor mexicano”, señala. Aunque Starbucks ha trabajado con café de México desde hace casi 50 años, Jiménez admite que esa historia no siempre se contó con la fuerza necesaria. “A veces nos olvidamos de contarla y hemos decidido regresar a platicarla”.
En el centro de esta narrativa está una idea que define a la marca desde su origen: la conexión humana. “Siempre decimos que no estamos en el negocio del café, sino de las personas”, explica Jiménez. Una taza de café, sostiene, es el punto de encuentro entre quienes lo cultivan, quienes lo preparan y quienes lo disfrutan. “Representa la unión de muchas personas que llegaron a esta taza”.
La importancia del origen
Ese enfoque ha llevado a Starbucks a dar mayor visibilidad a los caficultores y a los proyectos que impulsan desde el origen. El Centro de Apoyo al Productor es uno de los pilares de esta estrategia. “Queremos que se sepa el nombre y el rostro de muchas personas que están detrás de una taza de café en las fincas”, dice Jiménez, al tiempo que subraya el papel del café como espacio de encuentro cultural y social, alineado con el concepto del “tercer espacio” que distingue a la marca.
En un entorno altamente competitivo, donde cada vez más empresas apuestan por el café, Jiménez es clara: la diferenciación no está solo en el producto, sino en los valores. “Tenemos que regresar a esa esencia y volver a celebrar esas conexiones humanas, esa inspiración y ese trabajo desde el origen de la taza”.
La sustentabilidad es otro eje ineludible. Para Starbucks, asegura, nunca ha sido opcional. “Desde sus inicios tuvo entre sus valores el cuidado ambiental y de las comunidades, porque cuidar del planeta también tiene que ver con cuidar de la gente”. En 2025, la compañía lanzó el programa “Cada Taza Cuenta”, con el impulso al uso de tazas de cerámica en tienda para reducir los vasos de un solo uso, y fortaleció iniciativas como “Todos Sembramos Café”, mediante la donación de plantas resistentes a la roya para mejorar la productividad de los caficultores.
Ese mismo año, Starbucks México obtuvo el reconocimiento global Greener Store of the Year con su tienda Ahau en Tulum, construida completamente con materiales sustentables. Hoy, la marca cuenta con más de 120 tiendas certificadas como Greener Stores, con menor huella ambiental, menos emisiones de carbono y un uso más eficiente del agua. “No son solo programas publicitarios; toda nuestra cultura y desarrollo de negocio está anclado en la sustentabilidad”, enfatiza Jiménez.
El futuro del café
La innovación, sin embargo, plantea retos particulares en un sector dominado por microproductores. El desafío, explica, es convertir el conocimiento técnico global en prácticas accesibles. Desde alianzas con universidades como Chapingo hasta el trabajo comunitario entre fincas, la clave está en traducir la tecnología en soluciones reales y útiles. “La sustentabilidad tiene que ser accesible para el microproductor”, afirma.
Para Jiménez, este acompañamiento es también un activo estratégico. “Asegurar el futuro del café no es una ecuación de negocio a corto plazo, sino un compromiso a largo plazo”. Starbucks, dice, no solo ha transformado la forma de consumir café, sino que tiene la responsabilidad de proteger su origen y promover un consumo más consciente.
Mirando al futuro, el origen, la trazabilidad y la sustentabilidad seguirán siendo determinantes para las marcas globales. “No se trata solo de ir por un café a una finca, sino de comprometerse con un trabajo sistémico que cree un ecosistema sostenible para las siguientes generaciones”.
Antes de cerrar, Jiménez deja una invitación clara: “Cada vez que beban una taza de café, recuerden que detrás están ustedes, los baristas y los caficultores. Una taza de café es un ritual y un punto de encuentro social”. En esa idea, Starbucks encuentra hoy el núcleo de su reputación y su futuro.
