iProspect, la agencia global de medios parte del grupo dentsu, lanzó el reporte “Culture Accelerated 2025” de , plantea un cambio radical: pasar de jugar a la ruleta de la relevancia a diseñar estrategias capaces de garantizar impacto real.
En un mundo donde los algoritmos deciden qué vemos, los fandoms dictan las conversaciones y la inteligencia artificial multiplica contenidos a una velocidad inédita, el marketing cultural ya no puede confiar en la suerte.
“La cultura no es un accesorio para las marcas; es el terreno en el que se define su relevancia. Ya no basta con estar presentes, hay que participar con propósito y entender los códigos que mueven a las audiencias”, apunta Paola Máximo., CEO de dentsu México.
La época en la que bastaba con un patrocinio en el deporte más visto, un cameo en la película del verano o un famoso luciendo una marca se acabó. Hoy, esa presencia es apenas adyacencia cultural, una fórmula que corre el riesgo de sonar impostada o, peor aún, irrelevante.
“Hay una diferencia entre hablar de cultura y generar cultura”, señala el documento, y los casos más exitosos provienen de marcas que se atreven a añadir algo nuevo a la conversación. El informe, además, define nuestro presente como la Algorithmic Era, donde plataformas como TikTok, Spotify o Netflix no solo recomiendan, sino que editan la cultura en tiempo real.
Entender esas señales es crucial. Los fandoms se consolidan como motores culturales: 85% de las personas de 14 a 44 años se declaran fans de algo, y en esa energía se esconden oportunidades únicas para las marcas. Al mismo tiempo, más del 80% de los creadores ya usan inteligencia artificial, pero los consumidores castigan la falta de autenticidad, lo que obliga a un delicado equilibrio entre innovación y credibilidad.
El mensaje de iProspect es contundente: el marketing cultural ya no es un golpe de suerte, sino una disciplina que puede ingenierizarse. Con seis aceleradores —relevancia, momentum, impacto, ideas aditivas, ejecución nativa y orquestación cultural— la firma propone un marco para pasar de estar en la periferia de la conversación a convertirse en parte activa de ella. “La cultura cambia al ritmo de los algoritmos y quienes comprendan más rápido estas transformaciones serán las marcas que logren relevancia duradera”, apunta el estudio.
Para México y Latinoamérica, donde la cultura popular y las comunidades digitales crecen de forma explosiva, estas conclusiones cobran un matiz especial. Desde el auge de los fandoms musicales y deportivos hasta la consolidación del social commerce, la región es un terreno fértil para que las marcas se arriesguen a aportar algo auténtico a la conversación y no solo a seguirla.
“Hoy la verdadera diferencia no está en aparecer en un momento cultural, sino en aportar algo que la gente quiera compartir, defender y convertir en parte de su vida diaria. El futuro del marketing cultural está en la valentía para entrar en la conversación y transformarla”, afirma Máximo.
La conclusión es clara: el marketing cultural del futuro no será un golpe de suerte, sino un ejercicio de ingeniería creativa. Los algoritmos pueden señalar las rutas, pero la chispa que enciende el fenómeno cultural seguirá dependiendo de la curiosidad, la audacia y la sensibilidad humana.
