Emprendedores cotidianos como nunca los viste

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Son los rock stars de Silicon Valley: Bill Gates, Steve Jobs y Mark Zuckerberg. Sus historias son fascinantes: estudiantes que abandonaron la universidad para seguir sus sueños creando empresas tecnológicas que transformaron al mundo y se convirtieron en billonarios antes de tener 30 años. ¿Qué podemos aprender de ellos? Muy poco, casi nada. La amplía mayoría de los emprendedores tienen perfiles prácticamente opuestos a estas estrellas

Así lo afirma Carl Schramm autor de numerosos libros y profesor de la universidad de Syracuse, que ha enseñado en MIT y John Hopkins, fundador de cinco empresas distintas, inversor en proyectos, y especialista a quien The Economist retrata como el “evangelista del emprendedurismo”. En esta nota, compartimos una síntesis de sus descubrimientos. 

Aunque las historias de Jobs, Gates y Zuckerberg son muy inspiradoras y les debemos una gratitud muy grande por sus revolucionarias contribuciones tecnológicas, sus casos de éxito son de muy poco uso para el 95% de los emprendedores, personas comunes que quieren iniciar un negocio. 

Si bien las historias románticas acerca de jóvenes de la industria tecnológica que crean empresas billonarias obtienen casi toda la inversión de fondos de alto nivel y la atención de los medios, representan solo el 5-7% de los emprendimientos. También son los tipos de negocios que tienen el mayor grado de fracaso: cerca de 8 de cada 10 empresas tecnológicas desaparecen en 5 años.

La verdadera historia de las Start Ups promedio revela un escenario totalmente diferente: La mayoría de los empresarios emprendedores nunca fue a la universidad y la mayoría no empezó sus empresas hasta que estuvieron bastante avanzados en sus puestos laborales.

El emprendedor promedio tiene cerca de 40 años cuando comienza su propia empresa. En mayor detalle,  más del 80% de todas las compañías nuevas son comenzadas por personas que tienen más de 35 años de edad. Aquellos que tienen más de 55 años crean mayor cantidad de compañías. Otro dato muy importante: las oportunidades de que una nueva compañía sobreviva aumentan cuanto mayor es la edad del emprendedor que las inició.

Reconocer que la madurez del emprendedor es un hecho significante para el éxito de la Start Up reconoce la influencia positiva que tiene trabajar para otra empresa antes de comenzar el proyecto propio. El emprendedor promedio fue un empleado por casi 15 años antes de lanzarse por su cuenta. Y tiene una clara explicación: aunque suena contra intuitivo una empresa puede servir como una escuela para emprender, en la cual aprender cuestiones elementales acerca de ventas, atención a clientes, precios, recursos humanos, proveedores, finanzas, regulaciones legales, impuestos, etc. Bien aprovechado, representa un espacio donde testear y aprender con éxitos y fracasos a costa de los recursos de una corporación.

Las investigaciones demuestran que un número significativo de emprendimientos innovadores se lanzaron a partir de compañías grandes que no querían diversificar en proyectos que ellos veían como tangenciales al negocio central. Por ejemplo: nichos de mercado que el empleado descubre, que le resultan económicamente significativos, pero que la empresa desprecia. 

Un dato más interesante: los emprendedores promedio no suelen tener planes de negocios super rígidos, sino que se adaptan conforme a los ritmos cambiantes del mercado. Los planes de negocios, requeridos habitualmente por fondos de inversión y bancos, rara vez se implementan tal como fueron diseñados originalmente siguiendo la regla de que “ningún plan resiste el primer contacto con la realidad en el campo de batalla”, siendo utilizados en la práctica solamente para reunir capital o préstamos. 

La noción de que los nuevos negocios salen de “ideas únicas, innovadoras y riesgosas” también es falsa. La mayoría de los emprendedores son “copy-cats” (copian lo que ven que funciona en otros mercados), y a veces ni siquiera se lanzan solos a traer las mismas a su región, sino que lo implementan a través de franquicias o representaciones comerciales

No resulta difícil quedar fascinado con las historias de gente que convierten una idea en una empresa millonaria en tan sólo unos pocos años. Estudios de la fundación Kauffmann demuestran que casi la mitad de todos los adultos y más del 70% de los estudiantes universitarios quiere ser emprendedor. Crear una start-up es un aspecto cada vez más aspiracional en la vida de las personas. Sin embargo hay que tener mucho cuidado con quedar atrapado en los casos excepcionales de Silicon Valley, que no representan al emprendedor promedio.

El 95% de los emprendedores promedios son muy distintos a los rock stars de Silicon Valley y tienen muy poco que aprender de ellos. La mayoría de las personas que comienza empresas tiene cerca de 40 años, fueron empleados por 15 años, adquirieron mucha experiencia en el terreno, por eso identifican nichos desatendidos o copian lo que funciona en otros mercados, nunca tuvieron una reunión con un fondo de inversiones, nunca estudiaron cursos de emprendimiento en la universidad, jamás estuvieron en una incubadora de proyectos, y no tienen planes de negocios rígidos. 

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